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EL PLIEGO PETITORIO DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DEL 68

Los acontecimientos que tuvieron lugar en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco en un día como hoy pero de 1968, representan un parteaguas en la historia de nuestro país, no solo por el luto con el que se vive ese día, sino por el legado que dejó el movimiento en las siguientes generaciones de jóvenes.

El 2 de octubre de 1968 está inscrito en nuestra historia como uno de los peores actos de represión por parte de esferas del gobierno hacia su ciudadanía, al suscitarse la matanza de estudiantes y población en general durante un mitin convocado por el movimiento estudiantil de aquella época, el cual, surgió a partir de los actos represores del mandato de Gustavo Díaz Ordaz a la población juvenil.

Recordemos que a finales de la década de los 60, se empieza a dar en el mundo una revolución ideológica, social y política. En principio, hubo un rechazo a los ideales sociales conservadores de la época con la revolución sexual y la génesis de la liberación femenina.

En lo político y social, existieron movilizaciones que de alguna manera influenciaron los ideales liberales de los jóvenes mexicanos como el llamado “Mayo del 68” que tuvo lugar en Francia y  las protestas en contra de la Guerra de Vietnam en EU.

En México, las movilizaciones del 68 se empezaron a gestar, como un frente común entre la comunidad estudiantil de la UNAM y el IPN, a partir de la forma violenta que las fuerzas de la autoridad detuvieron una riña entre jóvenes de ambas instituciones tras una riña callejera.

Desde entonces, los roces entre los estudiantes y la autoridad fueron aumentando su frecuencia e intensidad hasta la gestación del movimiento estudiantil que vería trágicamente su final en la matanza de Tlatelolco.

Exactamente ¿qué pedían los líderes de este movimiento?  El Consejo Nacional de Huelga, órgano creado para coordinar todas las movilizaciones y protestas de los estudiantes, presentaron al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, un pliego petitorio de seis puntos:

  1. Libertad de todos los presos políticos. Es decir, de los estudiantes y activistas detenidos por manifestarse.
  2. Derogación del artículo 145 del Código Penal Federal, el cual regulaba los delitos de disolución social, que se entendían como la difusión de ideas que perturben el orden público o afecten la soberanía nacional.
  3. Desaparición del cuerpo de granaderos, grupo policial participó en varios actos de represión estudiantil previos al 2 de octubre.
  4. Destitución de los jefes policiacos Luis Cueto y Raúl Mendiolea, quienes fungían como el jefe y el subjefe de la policía capitalina respectivamente y habían tenido roces con los estudiantes en varias ocasiones.
  5. Indemnización a las víctimas de los actos represivos, pues antes de la masacre de Tlatelolco, ocurrieron varios enfrentamientos que dejaron estudiantes muertos.
  6. Deslinde de responsabilidades de los funcionarios involucrados en actos de violencia contra los estudiantes y establecer un diálogo público entre autoridades y el CNH para negociar las peticiones.

El gobierno jamás negoció con los líderes del movimiento y respondió de la forma en que ya sabemos.

El 2 de octubre no se olvida, no como un cliché o una razón más para despotricar contra el gobierno, sino como un recordatorio para nosotros como sociedad, que para construir una sociedad mejor, podemos hacer escuchar nuestra voz a través de la unión y la organización; y para las esferas que nos gobiernan, es un recordatorio que la represión y violencia son formas que a la larga, tienen un precio muy alto en la historia para sus mandatos, sus nombres y su legado como servidores públicos.

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